Bailar con los ancestros al ritmo de la poesía

Texto por Renata Iberia

En conversación con Ana Lira

 Ouvindo o som do meu tambor e também do berimbau 

 Vêm chegando os poetas pra falar no meu sarau 

Vêm chegando os poetas pra falar no meu sarau*

—GOG

Originaria de Caruaru, Ana Lira es una artista visual, fotógrafa e investigadora con residencia en Recife, Brazil. Uno de sus proyectos más recientes es CHAMA, donde Lira trabaja de la mano con las artistas Marta Supernova, Suelen Mesmo y Libra alrededor de “la poética de la diáspora negro-descendiente afro-amerindia/ameafricana y sus expresiones a través de medios sonoros, celebrativos y escritos”. Hablamos pues de un proyecto con valor histórico, político y espiritual que, en la trayectoria de Lira, marca un punto clave en su recolección de saberes y sonidos.

Por su amplia trayectoria, la primera vez que supe que hablaría con Lira sentí una expectativa emocionante. Sabía que frente a mí (o en este caso al otro lado de la línea telefónica) estaría una mujer lúcida, especialista en su tema, una artista que ha dedicado su energía a crear desde la conciencia comunitaria, siempre en defensa y celebración de la memoria. Sin embargo, me gustaría destacar que desde los primeros minutos de la llamada me quedó claro que, de la mano con sus logros creativos, Ana Lira es una persona tan amable y generosa como sabia e inteligente. Comparto nuestra conversación con la esperanza de que más personas se acerquen a su trabajo y al de las otras artistas que hoy conforman CHAMA.

CHAMA ON CIRCA

Pensar en términos políticos implica necesariamente conceptualizar. Por lo tanto, la primera pregunta con la que me acerco a Lira es de qué manera es posible entender el término diáspora en el contexto brasileño. Nos encontramos de inmediato ante un término que guarda infinitos imaginarios, mundos, subjetividades. En palabras de Lira:

Es delicado hablar del término diáspora porque Brasil es un país enorme. A veces las personas tienen la idea de que al hablar de diáspora nos referimos a un simple movimiento de personas de África a varios puntos de América. Sin embargo, África no es un país sino un continente con diferentes países y diferentes culturas, diferentes ideas de ser negro. La mayoría del tiempo estos grupos han sido obligados a migrar a causa del tráfico transatlántico a otros espacios de América (centro y sur). A causa de este movimiento forzado diferentes culturas han tenido que conectar entre sí. Entonces, lo primero que pienso cuando hablo de diáspora es que en Brasil no podemos pensar en una sola diáspora, sino en varias, y cada una produce diferentes tipos de experiencias sensoriales. Precisamente, estas experiencias son lo que yo llamo poética.

La propuesta de Lira es desafiante y supone un cambio de perspectiva. Al pensar en el término diáspora de esta manera, no se habla solamente de un desplazamiento sino  de un imaginario entero con un punto de partida muy claro: el cuerpo. Cada experiencia sensorial es valiosa, lo que atraviesa el cuerpo tiene potencial político y creativo:

Experiencias auditivas, sabores, colores, diferentes tipos de sonidos, aglomeraciones, conexiones. Todo lo que promueva algún tipo de reacción en nuestros cuerpos sensoriales es lo que yo estoy intentando plantear como un movimiento poético que es importante en la conversación sobre diásporas. Es por eso que en el proyecto no estoy sólo yo o personas de mi ciudad. Con CHAMA yo quería entender cómo se forman estas conexiones poéticas, cómo las otras artistas del proyecto sienten estos elementos poéticos en sus cuerpos, a través de sus investigaciones y en la música que tocan y estudian.

Una de las particularidades del proyecto es su incorporación de la palabra escrita y hablada, es decir, de la poesía en su forma tradicional.  Pienso en lo importante de esta unión, música y poesía, por la manera en la que articula nuevas maneras de habitar y narrar el mundo. Si el lenguaje es cómo delimitamos nuestra realidad, la poesía brinda una expansión, una sensibilidad a la historia colectiva. Además, en el caso de Lira, la palabra es parte de una tradición que va ligada a las raíces, un concepto fundamental para entender la poética de la diáspora:

Aquí en Brasil, dentro de varias experiencias que estamos escuchando, las últimas décadas han dado pie a movimientos poéticos originarios de las comunidades negras. Este espacio es muy importante por ser un lugar donde se vuelve a conectar y crear conocimiento para las siguientes generaciones. Estos poetas publican pero también hacen performance. La tradición oral es vital para la tradición poética Brasileña. Nosotros salimos a la calle y conectamos. La poesía activa conexiones con el pasado, con los ancestros, conexiones con los problemas cotidianos y su política. Tenemos un movimiento hermoso de poetas que están creando bajo el respeto de sus emociones y deseos. Este movimiento está ligado a la música, sonoridades, una cultura de DJs, sistemas de sonido. La cultura de la sonoridad es clave para estas comunidades. 

Para Lira, es imposible separar estos dos elementos, palabra y música o sonido, porque juntas crean y pintan de colores el imaginario poético de estas colectividades. ¿Por qué una lectura de poesía no podría fluir a la par de un ritmo? ¿Por qué hemos disociado estas dos actividades si ambas plantean la unión de sensibilidades, la liberación y revitalización del cuerpo? Como menciona Lira, “La sonoridad es tan importante como el primer lenguaje. Puedo decir que es un paralelo en la comunidad: unas personas hablan y otras tocan música”.

El trabajo de Lira y las otras artistas de CHAMA crea un estado paradójico o dual, que consiste en vivir en el presente con el pasado como una brújula de búsqueda. Al contar la historia del pasado, la historia de los ancestros, las artistas en CHAMA cuentan su propia historia y trazan nuevas líneas hacia el futuro. Así, las raíces vuelven a ser visibles, celebradas, nutridas:

Cuando escuché el material que tenía comencé a pensar en el legado que recibimos de estos grupos de personas y las culturas que llegaron aquí, en mi caso en Recife hace quinientos años. Pensé en los procesos coloniales que intentan decirnos que todo es universal, que todo tiene que ser igual y que necesitamos hablar un idioma, eso es algo en lo que no creo. Por eso, en el proyecto tenemos presente que estamos construyendo la tradición para el futuro. Necesitamos respetar y comprender lo que llegó hasta este momento. Necesitamos entender qué vamos a hacer con estos códigos, este legado, este material. ¿Qué podemos agregar? ¿Qué va a crear un nuevo entorno de creatividad? En este legado hay un poder de por medio. Sobrevivió quinientos años aunque se crearon todo tipo de estrategias para destruirlo. Necesitamos pensar cómo creamos nuestras propias estrategias para mantener vivos estos códigos para el futuro. ¿Cómo protegemos este material?

Al hablar sobre diáspora, Lira destaca que debemos entenderla no como una disolución sino como un proceso estratégico en el que las identidades negras fueron desperdigadas violentamente. Ante este hecho, otra pregunta podría surgir: ¿cómo recopilar el conocimiento, las historias que quedaron separadas a lo largo de tantas latitudes? Lira abraza la idea de buscar estos conocimientos a través de la experiencia directa. Si la oralidad es clave, la escucha presencial, el viaje y el sentir  también lo son. CHAMA se autodefine como un proyecto que rechaza los “procesos coloniales de traducción” y, en ese aspecto, también se aleja de las maneras coloniales de recopilar conocimiento:

En Brasil, cuando llegó el tráfico transatlántico, solían separar a las personas de la misma región, cultura, familia para ponerlas en diferentes grupos. Si estas personas no tenían el mismo idioma, resultaría difícil comunicarse y organizar una revolución. Creo que ahora es cuando estamos haciendo estas revoluciones a través de otro proceso, incluso si no hablamos el mismo idioma, estamos creando estas conexiones y estamos planteando un proceso diferente de comprensión de identidades, conectando cosas que no están en el lenguaje académico o la tradición que está conectada con el pensamiento moderno. La forma en la que estos grupos llegaron a un lugar común fue a través de la poética, a través de todas las cosas que no eran importantes para el proyecto colonial, como la música, la comida, la forma de bailar… Cuando pienso en mi ancestralidad ahora mismo, estoy descubriendo este tipo de cosas. Estoy prestando atención ahora y lo he hecho durante los últimos tres años, cuando comencé a pensar que este proyecto debería continuar. Empecé a organizar esta experiencia que estoy teniendo, no solo conmigo misma sino también con mi familia. Estoy tratando de comprender cómo funcionan estas identidades en este flujo. Por eso es importante hablar con otras personas, sentarme con ellas y escucharlas.

Lira, investigadora de los temas de colectividad y visibilidad, narra que CHAMA proviene de una experiencia anterior y enriquecedora en sus años formativos. Después de emprender una búsqueda a través de la ingeniería, Lira buscó un camino en el periodismo y, en paralelo, en la radio. La artista recuerda con ternura y alegría esa época, pues fue la base de varios encuentros que la guiaron hasta el día de hoy:

Tuve un programa semanal durante tres años, fue realmente interesante porque pudimos crear una experiencia de sonido diferente. Tocamos diferentes canciones, no era un programa enfocado en un solo género. Todos los sábados durante una hora estuve allí en la radio, hablando con la gente que nos escuchaba. Tocaba forró, luego rock, luego coco, que es un sonido conectado a una expresión colectiva que tenemos aquí en Recife. Pensamos que la gente no conectaría con nuestra idea, pero lo hicieron, respondieron muy bien. Ahora mismo estoy usando la experiencia que tuve para buscar las canciones de las diásporas, no solo una, sino las diferentes diásporas que tuvimos en América.

La radio, parecemos olvidar ahora, es una fuente de conocimiento valiosa y accesible. Lira lo percibe como una herramienta para acercarnos a los otros y una herramienta para generar y compartir conocimiento. “Me gusta mucho la radio. Para mí es una de las herramientas de conexión más poderosas. En Guinea Bissau descubrí que la radio tenía un papel importante en la comunidad y que ahí también escuchaban estaciones de radio de Brasil”, cuenta. Presente en las calles, en las cocinas, en los medios de transporte, la radio pasa de ser un mero acompañante a un catalizador político, un punto en común para la gente.

Por otra parte, este medio auditivo ha sido un espacio en el que Lira ha ampliado su acercamiento a los lenguajes y a los procesos de diálogo, ambos temas de gran importancia para Lira y su investigación sonora. Durante nuestra conversación, la artista menciona un artículo de un investigador que concluye que cincuenta por ciento de los lenguajes hablados en el presente están en riesgo de desaparecer. Esto, nota ella, es un problema delicado porque “si perdemos cincuenta por ciento de estos lenguajes perdemos también el cincuenta por ciento de oportunidad de responder a ciertas preguntas en diferentes maneras”. De vuelta a la noción de no imponer procesos coloniales de traducción, Lira invita a las personas que se acercan al proyecto a escuchar diferentes lenguajes sin caer en una desesperación por entenderlo, por traducirlo (práctica común en nuestro navegar actual por el mundo):

Desde que leí esta entrevista comencé a pensar que necesitamos abrir nuevas posibilidades de diferentes lenguajes para que puedan respirar. No forzar la traducción no es forzar a estos idiomas a vivir en la oscuridad. En cuanto a las culturas, por ejemplo, cada vez que una expresión cultural se traduce de una forma específica para difundirse en el mundo, a través de museos o galerías, perdemos la oportunidad de verla tal cual es. (…) La radio, como plataforma, es un gran lugar para respetar estos lenguajes y sonoridades.

Dejar que los lenguajes respiren es una propuesta revolucionaria en un sistema homogeneizador, que aún tantos cientos de años después de colonizar cuerpos y saberes sigue nombrando un sólo tipo de identidad como válida, como modelo universal. A partir del lenguaje se tejen historias, se narra la vida y las costumbres, es por eso que proyectos como CHAMA son tan necesarios como urgentes a lo largo de Latinoamérica. Y las personas que conforman este grupo asumen esta tarea con valentía e ímpetu, tomando en cuenta la responsabilidad que conlleva. En mi opinión, le comparto a Lira, es el trabajo de una vida entera.

A manera de cierre, le pregunto a Lira cómo le gustaría que CHAMA inspirara a otras personas a aprender más sobre quiénes son. La respuesta, como el pensamiento de Lira, es iluminadora:

Si pensamos que nuestra sensibilidad diaria es valiosa y si escuchamos y pensamos que este conocimiento es un poder que tenemos, creo que llegaremos a lugares muy interesantes. Tenemos que entender que somos diferentes y que estas diferencias no son un problema. No necesitamos traducir todo en un patrón de subjetividad. La sensibilidad de nuestros cuerpos está abierta a diferentes experiencias, no tenemos por qué temerle a ese hecho: esa es una de las cosas más importantes que este proyecto puede dar.

Lira nos deja una invitación abierta a observarnos a nosotros mismos y a los demás desde la receptividad corporal y emocional. Con esa sensibilidad podemos acercarnos a su proyecto CHAMA, entendiendo que la historia de la poética negra, llena de dignidad y belleza, brilla con más y más vida cada día al compartirse en colectividad.

*

[1] Oyendo el sonido del tambor y también del berimbau

  Van llegando los poetas para hablar en mi sarau

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